miércoles, 17 de junio de 2015

Triatlón Zarautz 2015

Cuando me inscribí a este triatlón no las tenía todas conmigo. Este es un año difícil y atípico. Por un lado las lesiones por correr que he arrastrado desde septiembre hasta bien entrado 2015 y por otro el hecho de tener una hija de un año me hacían afrontar esta temporada sin hacer hincapié en el triatlón, fundamentalmente por no poder dedicarle el tiempo a la bicicleta que se requiere para tener un rendimiento mínimamente honroso en competición.
Esto me quedó muy claro en el duatlón de El Amogable que hice en marzo, donde con nada de entreno sobre la bici iba muerto, sin fuerza en las piernas y con la moral minada al ver que no iba y que me adelantaban continuamente.
Pero quise inscribirme a un medio este año, para al menos seguir nadando y sacar la bici aunque sólo fuera unas semanas antes de Zarautz. Y me decidí por este triatlón del que todo lo que había oído eran maravillas. Habría que verlo.

Y así fue. Tras el maratón de Madrid del 26 de abril y tomando como descanso la semana siguiente, empecé un plan de entreno de 6 semanas, que en realidad son 5 quitando la semana del triatón que es de descarga.
Sabía que en 5 semanas no se podían hacer maravillas, pero sí por lo menos alcanzar un punto en la bici que me permitiera no hundirme en la clasificación en ese segmento. Tiradas de 2 horas rápidas con trasición rápida los sábados y de 3 horas a ritmo vivillo los domingos fueron mi entreno.
Y así nos presentamos en Zarautz.
Llegada el viernes a la noche en medio de un fantástico diluvio en la autopista de Vitoria-Donosti, con todos los bártulos, mujer e hija a una fantástica y amplia casa rural justo donde se corona el alto de Meagas que se subiría dos veces en la carrera. Una compañía fantástica, los chavales de 3 Tri Trail Team y sus familias con mi buen amigo David Vázquez, que finalmente no pudo participar por problemas estomacales. El año que viene se quitará la espina seguro, además de que el trabajo grande del año ya lo hizo en Lanzarote.
Noche tranquila, no hay que madrugar, el triatlón arranca a las 14:15. Hay que ver lo bien que se duerme, sin nervios de ninguna clase, cuando sabes que no hay que madrugar.
Por la mañana da tiempo a todo tranquilamente, desayunas, preparar la mochila, los botes…. Y partí en bici a la salida. Al salir de la casa rural, hay algún repecho duro y al ponerme de pie derrapaba la rueda trasera y me dije “como esto pase en carrera mal lo veo para no bajarse”.
Llego a boxes, había quedado con mi buen amigo Pablo del Aguaverde, pero no estaba y voy metiendo las cosas. Allí nos encontramos. Ambos en situaciones parecidas, mucho tiempo sin hacer un triatlón y con el entreno justo por las circunstancias que nos ha tocado vivir.
Al coger la bolsa de las gafas de la bici, veo que están partidas por la mitad. Vaya tela. Voy a un stand que había por allí y las más baratas 80€. Sólo tenía 50. Pablo me deja 30 y ya tengo gafas. Empezamos mal.

Cogemos el primer autobús de hombres para Guetaria para ir sin prisas y de camino vemos perfectamente el recorrido de la travesía. El mar parece en calma.




Llegamos a Guetaria, algo de avituallamiento que tenían preparado y hasta charlamos un rato con Marina Damlaimcourt que está por allí, toda una olímpica que venía de ganar el half de Salou la semana anterior, muy maja.  Y a calentar. El agua está sorprendentemente templada. Hablaban de 19-20 grados. Ligero calentamiento y salimos para ver el arranque de las chicas que apenas eran 50.
Es nuestro turno, nos colocamos relativamente delante. Algo más adelantados de la mitad. POOOOOOOOOOOOO.


La salida es tranquila, no hay mucho golpe, se va lento porque hay mogollón, pero se va. No hago además por adelantar a nadie, me mantengo detrás de otros triatletas esperando que se haga hueco. Y al poco ya se puede nadar. Todo va bien hasta que una patada me saca las gafas. Parada para colocarlas, pero voy con agua dentro algo incómodo.

Empiezo a coger ritmo, las referencias parecían claras con los dos salientes de la costa, pero desde dentro las boyas apenas se ven y voy siguiendo gorros más que buscando las boyas.


Al final la travesía se me hace algo larga, pero para lo que había entrenado se trataba de dejar pasar los metros a un ritmo consistente y sin cansarse en exceso. Toco tierra en 48’, 49’ al paso por la alfombra para 2900 metros, en mitad de tabla, la gente nada mucho.


En la transición veo que está la bici de Pablo. Qué raro, él nada mejor que yo. Ahora vendrá. Pero no, arranco y él aún no ha llegado. Salto sobre la bici y directo a la primera subida a Meagas.

Hago intento de subir con plato, pero rápido veo que va a ser mejor que no, regular e ir con cadencia. Plato pequeño y jugando con el cambio.

En la cima de la subida está David que ha salido de la casa a vernos. Y comienza la bajada y la lluvia, entre que no la conozco, la lluvia, que hay tráfico abierto en sentido contrario, voy muy conservador, me adelanta mucha gente que se tira sin miedo. Cuando termina la bajada hay tramos variados para arriba y para abajo que disfruto mucho y la vuelta por la costa que es rapidísima, esta parte es preciosa, rodar por buena carretera a toda velocidad con la costa a tu izquierda, acantilados… son imágenes que no se olvidan. Llevo una media de 33.3 en la primera vuelta. Esta segunda vuelta voy con más confianza al ya conocerla, pero empieza a llover a cántaros. La bajada es muy peligrosa, no es la lluvia digamos fina de la primera vuelta, es el auténtico diluvio universal, charcos, balsas de agua, granizo que retumba sobre el casco. Pero vamos bien de fuerzas. Voy bebiendo del bote de geles y del isotónico que llevo, aunque no mucho porque con el tiempo que hace no es tan necesario hidratarse. Llego a Zarautz manteniendo la media y con la cabeza pensando en los famosos muros que nos esperan.
El paso por Zarautz es brutal, centenares de personas en las calles animando. Y pronto nos plantamos en la subida de Orio, un repecho largo y duro donde se empieza a ver el que va justo de fuerzas, aquí gano alguna posición.

Voy muy fresco. Bajada nuevamente conservadora y giramos al a derecha para afrontar el muro de Aia tras un trozo llano. Rápido te das cuenta que estás ahí al ver que el asfalto se convierte en cemento y que la pendiente es terrible a simple vista. Pero voy con fuerzas, me pongo de pie, pero voy derrapando tal como pensaba. A cada pedalada derrape y posible caída, con lo que tengo que intentar hacer un pedaleo redondo sin aplicar más fuerza en ningún momento a la pedalada, pero es difícil. Así que opto por ir sentado. Paso a mucha gente, que o va muy mal o no puede con el desarrollo. Vamos comentando unos con otros que no se puede ir de pie, que derrapas. Hay alguna gente que ha echado pie a tierra, no se si por perder el equilibrio al derrapar o porque directamente no podían. Algunos echan a andar hasta arriba y otros son ayudados a arrancar por el público (esto sería descalificación, pero bueno).

El caso es que voy disfrutando, puedo con los desniveles aún sentado con el 34x25. Además hay algún descanso entre las fuertes pendientes en las que hasta meto el plato y tramos donde vuelve a haber asfalto y te puedes poner de pie. Tras coronar, bajada por carretera estrecha y con mucha pendiente, muy conservador de nuevo, además hay badenes muy pronunciados. Pero pronto se engancha de nuevo con buena carretera y se baja buen ritmo.
Llegada a Orio y rodamos a nivel del mar de la ría, como en una piscina inundable. Aquí comento con algún triatleta la falta de agarre en el muro de Aia y todo el mundo tenía el mismo problema.

Giro a la izquierda y afrontamos el muro de Txurruka, pronto veo que es el mismo plan que Aia, así que desde abajo entro a toda velocidad para por lo menos subir los primeros metros rápido y con agarre. Paso a mucha gente, se que es más corto que Aia, pero los mismos problemas. Fuerte pendiente y falta de agarre al ir de pie, derrapando de atrás, vuelta a subir sentado. Hay un grupo nutrido de aficionados que nos animan, que mérito tiene con la que está cayendo. Y coronamos.

Otra bajada tranquila siendo adelantado y entramos en Zarautz. Relajamos ritmo para descansar la piernas estos 2 kms. escasos y me voy quitando las zapatillas hasta la línea de desmontaje. Total 2h41:00 a poco más de 30 kms/h
T2 lentilla para lo que suele ser habitual en mi, se nota que llevo tiempo sin hacer triatlones y arrancamos en lo que debe ser mi sector, en el que iba mínimamente preparado por decirlo de algún modo, ya que en realidad se trataba de vivir del entreno del Mapoma, porque en estas últimas 6 semanas 116 kms. (ni 20 semanales), aunque la mayoría a ritmo de carrera o más rápido.
Salgo a correr y veo 3h33, con las zapatillas y los calcetines empapados tras el chaparrón de la bici (los jueces no permitían dejar las zapas en bolsas, no sé muy bien por qué). Las cuentas se hacen rápido. El plan era correr a 4:15 para un total de 1h25, con lo que sería sub5, pues a eso.
El arranque no es todo lo bueno que a uno le gustaría, pero guardo la calma y es mejor adaptarse que reventar desde el inicio, eso me dice la experiencia que de algo vale. Y así es, tras una minibajada, aún en el primer kilómetro se entra en el casco viejo, donde las riadas de personas animando, lloviendo a cántaros, metidos en los soportales frente a los bares cervezas y paraguas en mano, voy cogiendo ritmo.


Giro en la plaza donde hay un DJ, cuya música me anima y voy poniendo ese ritmo que a mi me gusta, fácil, fluido, respiración cómoda.

En la zona del carril bici me pasa Marina Daimlamcourt que ya llevaba una vuelta (las chicas salieron 15’ antes). Voy pasando a gente, aunque a no tanta como la que debiera corriendo a estos ritmos. En el avituallamiento del parque en el km.3 me meto el primer gel con un poco de agua (el plan es ese, un gel por vuelta kms. 3-10-16). En poco nos metemos a la zona de la dunas  y el biotopo que es muy natural y cambiamos a tierra que se agradece y tras ello la zona de tablas frente al mar, que también relaja las piernas al correr sobre madera. Aquí la estampa más bella de todo el triatlón, lloviendo, corriendo cómodo Zarautz ante ti, el Cantábrico a la derecha, la playa, Guetaria al fondo, la línea de costa… soy feliz… estos momentos vale la pena vivirlos.
Y ahí seguimos, sigo adelantando, paso a Dolca Ollé que me lleva una vuelta, va quinta, en la zona del malecón antes del box. Primera vuelta, pulsera y voy bien, todo bajo el guión previsto.

Según pasan los kms. voy haciendo cuentar para ver a qué ritmo voy y cuánto queda y qué tiempo haría (he salido sin Garmin como la vieja escuela).
Segunda vuelta, sigue lloviendo, a veces más fuerte y a veces más suave, la gente en el casco viejo brutal, en la plaza música suena house, me gusta y adelante. Otro gel en el parque y deseando que llegue la zona de las dunas y las tablas, qué bonito. Al coger la segunda pulsera veo que Marina va delante, se ha hundido un poquillo y yo voy fresco, le pregunto y va 4ª, ella va para meta y a mi me queda una vuelta. Paso por la zona de meta y hago cálculos, van 4h32, voy ahí ahí porque no se con certeza cuanto es cada vuelta. Me empiezo a fijar en los carteles de km. 16, km.17 y voy justo justo de tiempo y de fuerzas, pero hay que luchar el sub5, no se muy bien por qué, pero como que tiene algo de mérito hacer sub5, cuando en un half normal de 1900, una bici sin lluvia y llana, ya estaría de sobra asegurado, pero bueno esas cosas que tiene uno.

Sigo haciendo cuentas y voy justo, cuando paso por el cartel de km19 veo que no va a ser posible porque tendría que hacer el km en 3:30 y no puedo, así que me dejo ir un poco, pero cuando voy llegando a la plaza del DJ veo que el km. Que queda el corto, que la meta está cerca, así que aprieto, aún se puede. Veo el crono de meta y voy sobrado y paso en 4h59:47, muy feliz (he corrido a 4:19 finalmente, se me hizo largo y es normal). Un poco por delante de la mitad de la clasificación masculina (44%). En el clasificación oficial me dan 5:00:00, ya es curioso, pero aquí está la prueba fotográfica.

Una prueba redonda, sin incidencias, un poco épica por el día que salido, precioso recorrido, animación y una estrategia buena sin apretarse al máximo, siendo consciente de mis limitaciones actuales.
Avituallamiento en meta en una carpa, fundamental porque seguía lloviendo, hablo con unos y con otros, cojo mi camiseta finisher, bocata atún, coca cola, keller, palmeras de choco…
Llega Pablo 10’ después, ha hecho un gran triatlón. Comentamos, ha tenido mucho problemas en la bici, en las bajadas, con los frenos, no le funcionaba el powertap. Y van llegando los del 3Tri Trail, el gallego, Piriz, Isra, Oscar, Sanse… buena gente. Todos contentos en general y que en los próximos años mejorarán muchísimo.
Me estoy empezando a quedar un poco frio, me dicen que mi mujer está fuera, qué sorpresa, por nada del mundo la esperaba, la saludo y a mi pequeña Iria…  veo a Gustavo Rodríguez que ha ganado la prueba y le felicito y cruzamos unas palabras. Y aterido de frío a recoger las cosas al guardarropa y los boxes, nuevo chaparrón de camino al coche y al fin en casa.
En resumen, un triatlón fantástico, el triatlón diría yo. Queda grabado a fuego en mi mente para años venideros y para prepararlo de manera seria. Organización 10, recorridos 10, ambiente 10, animación 11 y nivel nivelazo tanto en los élites como en el resto o esa sensación me dio a mi.

Hasta el año que viene Zarautz.