sábado, 28 de noviembre de 2015

Maratón de Valencia 2015

Segundo maratón del año. Ni mucho menos el objetivo de la temporada que ya estaba hecho con el 2h59’’ de Mapoma y el puesto 19º en la Madrid-Segovia.
Este era por tanto un maratón de disfrutar, de experiencia y de correr junto a mis colegas del barrio de toda la vida Eloy y Villar, ya que no pudimos hacerlo el año pasado en Castellón al caernos dos de nosotros por lesión.
En esta ocasión tampoco iba a poder ser ya que Villar no correría esta vez. Ayyy las lesiones…
Tras la Madrid-Segovia llegaba aparentemente bien, sin dolores ni lesiones. Una semana de descanso y a la siguiente empezaba un plan de 7 semanas, no había más tiempo. Volúmenes limitados y correr mucho a ritmo de maratón era el plan.

La primera semana salió más o menos bien, pero ya a partir de la segunda empezaron los problemas, dolores en ingle, abductores, psoas, glúteo, isquiotibiales, tensor de la pierna izquierda. Corrí la media de Cantalejo a ritmo maratón con los amigos de Aguaverde, con dolores y decidí parar una semana. Visita al osteópata y vuelta a la carga tras la semana de descanso. Y una buena semana de entrenos con 60 kms. El caso, es que me estaba engañando a mi mismo, entrenaba con ibuprofeno y me autoconvencía de que los dolores remitían, pero no era así. A la semana siguiente tras dejar el ibuprofeno y un rodaje de una hora, día siguiente y estaba medio cojo. Nueva visita al osteópata y otra semana parado (13 kms. esa semana).
Semana premaratón de 55 kms. sabiendo que ya iba a llegar con dolores y molestias, así que intentando controlar los entrenos, el descanso y nunca correr dos días seguidos. El test de una hora pulso maratón es muy mediocre, a 4:14 (8 segundos por km más lento que en abril). Bastante con lo que había entrenado.
Semana de maratón muy suave y para Valencia.
El planning era, sabiendo que estaba mucho peor que en abril y medio lesionado, salir a 3h justas con la intención de abandonar el ritmo si me veía con problemas mucho antes de explotar. Eloy se decidió a venir conmigo fiándose de mi experiencia, que no de mi estado de forma.
Y allí estamos en la salida, después de una paellita por la albufera el día anterior y un chuletón de buey para cenar.




Minuto de silencio por los atentados yihadistas de París y al lío. La salida es bella, pero yo creo que sólo desde el aire (la foto que la organización pone por todo lo alto como gancho) con toda la arquitectura de la ciudad de las Artes y las Ciencias, porque desde dentro del maratón no te das cuenta de nada. Salida estrecha y sin escapatorias para 16.000 corredores. Pendiente de no perder ritmo, adelantar, no chocar ni torcerte un pié.

La muchedumbre es muy nutrida, hemos salido bastante delante en el cajón de 2h15 – 2h59, pero por momentos bajamos algo el ritmo por no absorber el circuito el número de corredores. Hay algo de nervios para no caerse o chocar. A partir del km 5 más o menos, al coger la Avda. de los Naranjos, es la primera vez que tengo ya sensación de correr a mi aire sin estorbos. Llevamos los globos de sub3 delante a 50-100m y el grupo es gigantesco. Ahí vamos bien.
Dejamos pasar los kilómetros aprovechando concienzudamente los avituallamientos, pastilla de sal, agua, powerade, gel en el 15, fruta…
Todo va bien, no hay dolores, vamos cómodos, muy frescos al pasar la media, como debe ser en un maratón. En 1h29’20’’.



Ahora empieza el maratón, entramos en amplias avenidas muy animadas, gentío, ánimos, batucadas, aprovechamos las mangueras de los bomberos para refrescar, empieza a hacer algo de calor, buscamos las partes sombreadas de las avenidas.
Por el 25 se empieza a notar algo de desgaste, es lo normal. Habrá que sufrirlo. En el km 30 me tomo mi segundo gel, nada más echarlo a la boca y engullirlo, arcada y vómito ipso facto, algo trago, bajo mucho el ritmo, ha sido duro, voy bebiendo de una botella de agua a ver si me rehago, pensamientos negativos, me paro a mear?. Aflojo ritmo??. Eloy se me ha ido 15-20 metros, me busca con la mirada. No quiero joderle, él va muy bien.
Poco a poco me rehago y llego a su altura, me está esperando, le digo que tire que el sub3 se le va y él dice que no, que se queda ahí. Un grande.
Ese momento de crisis me dura 1km hasta pasar un puente sobre el Turia, cogemos una avenida que me da la sensación que es ligera bajada y retomo sensaciones. A partir de aquí toca sufrir.
He bajado el ritmo unos 5’’ por km y voy esforzándome más en el rodar, pero a partir de ahora descontamos kilómetros a meta, queda sólo un 10.000.
Adelantamos a los dorsales 2 y 3 africanos que van andando, no sé qué les habrá pasado, pero les toca una caminata hasta meta bien maja. Esos pensamientos me evaden del sufrimiento al que me estoy sometiendo. Sobre el 35 hay un giro de vuelta ya en dirección a meta y esperaba ver a los amigos que nos dijeron que allí estarían. No estuvieron, pero ya se me pasó otro km intentando verlos.
En la Avda. del Cid voy bien, de nuevo a ritmos fuertes rondando 4 el km. Hablo con Eloy, creo que lo vamos a conseguir, le digo que es un máquina por esperarme y por correr tan bien como lo está haciendo. Quedan 6 kms. eso no es nada, sólo hay que apretar los dientes.
El zigzag por la plaza de toros y la Calle Colón se me hace duro, pero cuando entramos en la calle que va por el cauce ya hacia la ciudad de las Artes y las Ciencias, esperando ver el km.40 ya es imposible perderlo, el gentío es brutal, animación, la calle se estrecha, lleno de gente. Recibo un empujón en un movimiento al esquivar a un corredor que va muerto y se cruza en un avituallamiento, junto a sonido de desaprobación, como si el muy hijo de puta que me empujó fuera el único que corría. En otra situación, me habría quedado con su cara.

Vamos en ligera bajada, Eloy y yo vamos mucho más fuertes que el resto, adelantamos a decenas de corredores desperdigados que son los que se han ido soltando del grupo sub3. A falta de 500m cogemos a las libres de los globos de 3h y metemos un sprint sostenido (últimos 600m a 3:42) para llegar a meta con las manos unidas en 2h59’15’’.







Un gran maratón, corrido inteligentemente, muy constante, prácticamente dobladas las dos medias, teniendo en todo momento en cuenta nuestra fortalezas y debilidades. Por ello hay que estar muy satisfechos.



En lo personal, sé que es lo mejor que podía hacer dado mi estado de forma, mi volumen de kilómetros y mis molestias físicas y por el lado de mi amigo Eloy, enormemente satisfecho por su rendimiento, por lo que seguro que ha aprendido sobre el maratón en esta carrera y por obtener una marca acorde a su calidad.
Creo que estoy preparado y con confianza para intentar en la próxima ocasión una marca entorno a 2h50, con una preparación específica, un volumen adecuado, un maratón propicio y si me respetan las lesiones. Pero esto será en 2017.
Masaje suave en meta de la organización, para hacerlo tan suave mejor no lo hagas porque te quedas totalmente frío y andando al hotel junto a Marta e Iria que nos estaban esperando.

Después de dos sub3 este año y una carrera de 100 kms toca descansar por fin y recuperar los múltiples dolores que me merman.

Hasta la próxima.

martes, 29 de septiembre de 2015

Madrid 100K Segovia 2015

Por fin llegó el día, se había hecho esperar. Hay que remontarse casi dos años atrás, allá por 2013 tuve conocimiento de esta prueba y me pareció, además de un locura, muy bonito el concepto de salir desde una capital para llegar a otra, desde dos puntos reconocibles de cada ciudad, atravesando la sierra madrileña. Fue entonces cuando decidí hacerla en 2014 como experiencia, sin gen competitivo, sino para disfrutarla conociendo una prueba distinta a todo lo que había hecho hasta entonces.
Todo fue perfecto en 2014, entrenos, disfrutar de las tiradas largas, conocí a muchísima buena gente en las quedadas oficiales conociendo el recorrido y corriendo mucho con mi compañero de fatigas Rosendo…..hasta que 14 días antes crack. Pinchazo en el menisco que me dejó literalmente cojo las semanas siguientes. Pasó el tren. A Rosendo le fue muy bien y este año no iba, pero yo tenía que ir, la espina estaba ahí clavada.

Mi planteamiento para este año ha sido algo diferente porque tengo muy claro que lo primordial haciendo deporte es no lesionarse y hacer lo que la vida te deje con el tiempo de que dispongas. Por eso hice un par de triatlones de media distancia en junio y julio, con lo que empecé a entrenar para la Segovia podemos decir que dos meses antes (9 semanas). Teniendo en cuenta que de estas 9, la previa no haces nada, la primera poco, 3 en Benicassim y una en Galicia, no podía sacar nada fuera del otro mundo.
En total, 559 kms. en dos meses (unos 60 semanales), con 4 tiradas de 3h a 3h15’ y 8 de unas 2 horas. Ritmos lentos generalmente excepto algún fartlek semanal para no perder todo el punch.
Las sensaciones las semanas y días previos eran pésimas, como si me costara correr a 5’30 y pensar en estar haciéndolo más de 10 horas, no sabía qué pensar. Además me sobraban un par de kilos que arrastraba del verano, tampoco nada preocupante.

Y así nos presentamos en la salida, madrugonazo a las 02:15 arriba. Nunca me había levantado tan pronto para una carrera. La salida era a las 05.00. Mi amigo del alma José (mil gracias Piñón) me baja en coche a Plaza de Castilla a las 03.00 y allí me quedo esperando a que lleguen los camiones para dejar las mochilas que van a los puntos intermedios y meta.
Tras entregarlas, hidratarse un poco, no enfriarse y por supuesto nada de calentar. Salgo muy ligero, prácticamente todos los participantes van con mochila de hidratación. Yo voy con un top de triatlón con tres bolsillos donde meto el material obligatorio, un gel y par de pastillas de sal. Frontal y luz trasera.
05:00. Salida. Todo muy tranquilo, salgo trotando, respirando, gente me pasa rápido, no le veo el sentido a ir por debajo de 5 en una carrera de este tipo salvo que salgas a disputarla, pero bueno soy perro viejo y sé de sobra que caerán por su propio peso.

Es curioso el silencio de la capital a las 05.00 corriendo por una calle poco transitada, cuando ya empieza a caer el otoño y hace fresco,  los municipales que cortan las calles están bien pertrechados para el frío, se puede oir la respiración de los de al lado. Al cruzar el nudo norte no puedo dejar de mirar atrás, ahí queda Madrid, ya no la volveré a ver, me voy a Segovia, manda cojones.

En esta parte aún ves gente, hay mini grupos de 3-4 y mucha gente que vamos sólos, cerca unos de otros pero solos. Yo como soy conversador, hablo con unos y otros y tiro un rato junto a alguien. Cuando ya nos adentramos en el pardo y se acaba la civilización de los barrios del norte de Madrid, sí que voy metido en algún grupo sobre todo porque es noche cerrada y mi frontal no alumbra una mierda y me aprovecho de la iluminación de los frontales de otros corredores.

Todo transcurre tranquilo, corriendo tranquilamente hasta llegar al carril bici en Tres Cantos que conozco como la palma de mi mano, se me ha hecho rápido. Tenía previsto llegar aquí en poco menos de  1h30’ y clavado, cruzo el puente de la carretera de Colmenar, sello, bebo algo, me tomo el gel que llevaba y de vuelta. Ya queda menos.



Este segundo tramo es uno de los más tensos para mi de toda la carrera. Es el tramo Tres Cantos-Colmenar Viejo. La noche sigue cerrada y en este tramo se vadea un arroyo en múltiples ocasiones, hace bastante frío y hay que mojarse las zapas de vez en cuando al cruzar el arrojo. Además hay una zona técnica de bajada, que entre lo malo que soy bajando, las piedras, que mi frontal no ilumina, lo hago muy lento. Una vez pasado este tramo ya se corre bien, ya he dejado de charlar, se acabaron las tonterías, ya voy sólo, la gente va adaptándose a su ritmo y sensaciones. Cuestón del cementerio de Colmenar que me habían dicho de hacerlo andando, pero no me pareció para tanto, así que lo corro y adelanto gente. Está amaneciendo. Primeros ánimos de la gente en Colmenar km26, supongo que de familiares que se han desplazado. Entrada en el colegio donde está el segundo avituallamiento y primer punto de mochilas. Esperpéntica mi transición, no doy pié con bola, me cambio de calcetines y de zapas (me pongo unas más duras y lentas, ya que he salido con Mizuno Sayonara), me calzo la mochila, pero no acierto a clavar el carton de sellado en un imperdible, sándwich, pedir la mochila, fruta, devolverla… en definitiva penoso para uno que hace triatlón y está acostumbrado a hacer estas cosas rápido. Una vez salgo del colegio, voy comiéndome un sándwich de jamón andando, me pasa gente… para arrancar cuando lo acabo por la subida de una avenida grande en Colmenar y afrontar el tramo Colmenar-Manzanares. Desde aquí conozco todo el recorrido por los entrenos del año pasado y sé lo que voy a encontrarme. Troto ligeramente toda la parte de subida por el pueblo, giro a la izquierda y entramos en el sendero de tierra que nos lleva a Manzanares. Ya se ve perfectamente, un primer tramo algo técnico, aunque se me hizo más fácil que otras veces.

Adelanto algún puesto , incluyendo a la segunda chica que a la postre será la ganadora y llegada muy rápido al avituallamiento del Puente Medieval, sello y me tomo un gel y un ibuprofeno por si acaso y rápido seguimos.

Aquí empieza un tramo de subida constante, pero no muy dura, con algo de piedra. En este tramo sí que adelanto bastantes puestos, me choca que mucha gente vaya andando ya en torno al km 30, es un claro fallo estratégico; no os queda nada pienso. Antes de girar a la derecha para enfilar hacia Manzanares adelanto a la chica que va primera y cruzamos unas palabras.


La estampa de Manzanares al fondo con su castillo y el embalse (muy seco este año) es preciosa.

Tramo divertido de bajada, cruzo el embalse y llano por asfalto hasta el avituallamiento. Sello, relleno botes y allí está mi colega Cifuentes, un máquina. Venía pensando en encontrarme con él desde Colmenar. Ciertamente esta carrera hay que tomársela como en pequeños bloques y es muy mental y cualquier cosa, cualquier ánimo o aliciente que llegue es muy importante para seguir adelante y romper la monotonía. Chocamos las manos y tirando para el camino que lleva a la Pedriza para hacer el siguiente tramo Manzanares-Mataelpino.
Todavía en Manzanares en un tramo de asfalto de subida y por urbanizaciones ando un par de minutos para comerme una barrita, tal cual estaba planificado y tras ello a correr, tranquilamente. Voy hablando con Cifu, cambias el chip de la soledad a estar con alguien, hablar. Empieza a subir la temperatura, aunque aún es agradable. Recordaba este tramo bastante duro, pero ahora se me hace ameno. Sigo adelantando puestos, gente andando, alguno con problemas físicos y tras algún repecho duro duro que ando, entrada a Mataelpino, como un absoluto dios en la Plaza del pueblo, megafonía, aplausos, paso por debajo del arco donde hay alfombra de chips.




Estoy completamente sólo allí, todo el mundo se ofrece a ayudarme, protección civil, voluntarios… relleno botes y tirando al próximo tramo Mataelpino-La Barranca.
Cifu sigue adelante conmigo, pensé que aquí se daría la vuelta, echo a andar en el repecho duro de salida del pueblo para tomarme otro gel (sigo la estrategia al pie de la letra) y a correr tranquilos, cuando ya alcanzamos la carretera de Navacerrada se corre por un lateral, un sendero muy divertido, muy mullido de subidas y bajadas cortas en las que disfruto mucho y voy rápido, me encuentro de lujo, muy fresco, disfrutando dejándome caer en las bajadas y aprovechando la inercia en las subidas; nada me molesta ni me duele y no hay signos de cansancio. Hechos unos kilómetros Cifu dice que se vuelve, un abrazo y hasta la vista. GRACIAS MÁQUINA.
Sigue el tramo divertido de sube y baja, aquí voy más o menos con gente que tiene buena pinta, aunque al tran tran les voy pasando porque voy un puntito más. Casi sin darme cuenta enfilo la subida de La Barranca, voy tan bien que siento que puedo correrla entera, pero sigo la estrategia de 1’ andar y 2’’ correr y adelanto otros 3-4 puestos. En uno de los minutos de andar me tomo una barrita. Llego arriba, se me ha hecho corto, sello, rellenando botes, sólo estoy rellenando uno, no hace calor, el otro va vacío y en los avituallamientos bebo coca cola y aquarius y relleno los botecitos pequeños de 200ml de aquarius.
Giro a la izquierda para bajar por la carretera y hacer el siguiente tramo La Barranca-Cercedilla, este tramo de asfalto se hace duro aunque sea de bajada. Hay que ver lo que desgasta el asfalto, cuando llevas casi 60 kms. te das cuenta. Pronto nos metemos de nuevo a un camino por el monte,  otros 3-4 adelantamientos, poco a poco voy ganando puestos.

Nadie me ha adelantado desde Colmenar y sin embargo habré pasado a varias decenas. Aquí hay un repecho del demonio, puede que de los peores de la carrera, a andar. Tras hacerlo, nuevamente bajada para cruzar la carretera del puerto de Navacerrada y seguir otro tramo de 2 kms. de asfalto. Gano otros dos puestos. Giro a la izquierda para coger sendero de bajada a Cercedilla y adelanto a otro. Voy muy bien, recuerdo lo duro que se me hizo el entreno de 40k Colmenar-Cercedilla que hice con gente de la Segovia el año pasado, el 30 de agosto recuerdo, pero claro, se hizo más rápido y con mucho más calor.
El caso es que bajo con alegría, un grupo de senderistas me pregunta cuántos kms. llevo y digo 65 y flipan… me dan ánimos… 


Entro en Cercedilla con un corredor que es el único que me ha aguantado ritmo desde pasado Mataelpino, nos hemos ido adelantando. Entrada en el polideportivo con arco y lectura de chip, aquello está tranquilo. Aquí me imaginaba un gran follón, gente destrozada, retirándose algunos según había leído, refrescándose, comiendo, pero el caso es que no, estamos allí 4 tíos. Pillo mi mochila y decido no cambiar de zapas, voy bien con éstas, me echo réflex en las rodillas y repongo geles-barritas.
Tenía pensado comer paella, pero me digo que no hay que hacer pruebas, voy fresco, bebo algo, como alguna fruta y como veo que la gente se va rápido decido irme también, qué coño hago allí. Recuerdo que había dicho a Marta que aquí la avisaría, así que voy con un sándwich en la mano y el móvil en otro y voy enviando audios por whatsapp a todos los grupos que me han seguido, a la familia para decirles que llego a las 16-16:30 si todo va bien, los de Alcorcón, Rosendo, los trigloberos… Llevo exactamente 6h:45, todo va bien, es justo el tiempo de paso que me había marcado para tener a tiro el sub11h. A por ello vamos digo. Voy con mucho ánimo.
Aquí ya me olvido de tramos, para mi es ya Cercedilla-Segovia, con 14 kms hasta coronar Fuenfría, otros 14 de bajada a la carretera de Riofrío y el final llano hasta Segovia.
Guardo el móvil y sigo andando comiéndome un sándwich de jamón, hay gente por la calle que te da ánimos y te aplaude, familiares, gente en las terrazas. Echo a correr porque el sándwich se come bien y el terreno es favorable, me meto también un paracetamol. Llego a la carretera de las Dehesas y empieza lo duro (11 kms. de subida). La parte de carretera tiene pendientes muy duras en las que ando y otras que lo son menos en las que trato de correr algo intercalando correr y andar. Miro hacia atrás a ver si viene alguien, pero no se ve a nadie, tampoco por delante. Ya cogiendo la calzada romana sigue habiendo mucha pendiente y piedras y terreno desigual y es difícil correr. Así voy, pendiente de las cintas que marcan el recorrido para no perderme y andando y corriendo hasta que finalmente cojo la pista de la fuenfría y el avituallamiento de la calzada romana. Pregunto qué tal voy y me dicen que el 22º y veo la hoja donde van apuntando los dorsales y efectivamente en la línea 22, no me lo esperaba. Tras el avituallamiento empiezo a correr trechos largos, lento pero relativamente fresco. La gente que baja me va animando, algunos son conscientes que venimos corriendo desde Madrid, pero otros no. Pendientes duras ando, pero corro mucho tiempo. De repente escucho un Araújooooooo, es Toledano del aguaverde que baja de la Fuenfría, me dice que voy muy bien de los 20 primeros, le digo que el 22 y sigo. En la parte final de la subida adelanto a 2 y prácticamente llego a la cumbre con otro corredor. Me avituallo algo, sello y para abajo. Esta parte sabía que me sería dura, pies delicados y zona de bajada con mucha piedra, sin zapas de trail, voy con mucha atención para ir por la zona de menos piedras y al poco adelanto al que llegó a la cima antes que yo. Va cascadete, baja con un compañero que va en bici. Voy el 19º. Le pierdo de vista en poco tiempo. Hago mis cuentas mentales y el sub11h está bastante claro si no pasa nada y pienso que en cuanto acaben las piedras voy a correr superfácil, PUES NO SERÁ ASÍ!.
Debí haber comido algo tras coronar Fuenfría, pero empezaba a no entrarme, a tener el estómago cerrado, es muy mala señal. Alguien con experiencia bien lo sabe; no hace calor, menos mal porque estoy empezando a beber poco. Cuando llega la zona de asfalto y bajada para dirigirte al avituallamiento del Corral de la Desesperada tengo un bajón físico importante, ya no puedo correr ligero, voy cansado de repente y las piernas no responden. 

Corro por un lateral de la carretera donde se acumula la hoja de pino para ir más amortiguado, pero en los repechos echo a andar, incluso los que no son pronunciados. Miro para detrás, pero no viene nadie. La sensación de cansancio y soledad es muy grande, nadie por delante, ni por detrás, ya no hay senderistas, es la hora de comer y yo ahí EN MEDIO DE LA NADA camino de Segovia. Necesito cambiar el chip. Recuerdo que llevaba los cascos para ponerme música si algo asi pasaba. Jamás he corrido con música en 10 años, ni entrenando ni en carrera, pero tampoco había hecho 100 kms antes.
Pongo un poco de house de calidad (My Joy de Quentin Harris, Love sweet sound de Groove Armada, Only in New York de Demon Ritchie…) y lo cierto es que me anima y voy canturreando, aunque sigo un poco grogui. Finalmente tras mucho sufrimiento llego al avituallamiento del corral de la desesperada, me ofrecen de todo, pero nada me apetece, bebo algo y engancho un par de gominolas, las pruebo y nada, las escupo. Ya ni relleno botes, los tengo llenos.
Veo delante de mi a dos tipos, ya los veía hace un rato y me digo sí que deben ir mal, porque yo voy fundido y les estoy pillando. Tenía la esperanza de que el asfalto acabara pronto, pero no era así, aún queda tela.
En un momento dado en zonas de visibilidad dejo de ver a los dos de delante y empiezo a preguntarme si me habré perdido, varias veces tentado de darme la vuelta, casi seguro de haberme saltado un desvío, creía ver Segovia a la derecha (era La Granja). De repente casi de refilón veo a un chica en medio de la nada sentada comiéndose una manzana y le pregunto si ha pasado alguien corriendo hace un rato y me dice que sí. Uffff, menos mal.
Sigo avanzando a ritmo obsceno, no se cual porque no llevo gps, voy un cronómetro y listo; hasta que por fin desvío a la izquierda y cartel de km.90. Volvemos a la tierra. Bien. Se ve Segovia perfectamente, la catedral y el alcázar.
En esta parte bajo con más alegría, nada del otro mundo, pero siendo tierra, viendo Segovia, terreno favorable y vuelvo a ver a los 2 de delante, me vengo un pelín arriba. Llegada a la carretera de Riofrío y coincido con los de delante. Parece que corredor sólo es uno de ellos, el otro acompaña. Me dice que va fatal de los isquios, ánimos y para delante. Voy 18º supongo.
En esta zona de llano voy completamente vacío, sin piernas, he estado varias veces en esta situación. Recuerdo mucho el Ironcat del 2014 donde fui completamente desfallecido casi todo el maratón, veo claramente que el sub11h ya no es posible a los ritmos a los que voy, pero ya me da igual, no estoy disfrutando, sólo quiero llegar y tomarme algo y sobre todo ver a mi familia que se han metido un cochinillo en Casa Cándido de órdago.
Me adelanta un tío a muy buen ritmo, tanto que pienso que no es de la carrera, pero tanto me da. Voy arrastrándome, no llego a Segovia nunca, ya hace calor, es una zona muy expuesta sin sombras, un auténtico secarral.
Llego a Segovia, voy lentísimo, algunas personas de las terrazas aplauden, se me está haciendo larguísimo. Pendiente de las cintas para ir por el sitio correcto. Llego a la altura de un grupo de 3-4 personas que aplauden a tope, no sé si familiares o lo que sea, con bocinas… y veo el acueducto, por fin, estoy al lado ya. Unos 20’’ después vuelvo a escuchar el follón, “joder viene alguien por detrás”, me toca defender el puesto, acelero como puedo, pero veo que ya estoy al lado, curva y veo el arco, el acueducto, la gente aplaude, saludo, qué gran sensación. Lo he hecho, he ido corriendo de Madrid hasta Segovia, me parece increíble. En 11 horas 12 minutos y 40 segundos. Puesto 19º.





Veo a Anna de la organización la saludo y le doy las gracias por hacer posible la carrera, veo también a Marta, a Nines, Antonio y como no a mi pequeña Iria. Les saludo. También a Toledano del Club y voy a avituallarme. No me entra mucho y además no parece que haya gran cosa, pido Cola y no hay, así que me salgo para fuera con mi gente. Qué placer parar de correr. Me meto una coca cola en una terraza, pero tampoco me está entrado bien y veo a Jota también del Club que ha quedado nada más y nada menos que tercero con menos de 10 horas, increíble ENHORABUENA, ya se ha duchado y todo.



Y para allá que voy a ducharme al polideportivo a 500m. Como robocop. Sobre todo las uñas de los pies. Ya en las duchas compruebo ampollas y tal y hay algún estropicio, pero qué menos. Ducha y converso con los que están por ahí. Una buena experiencia y buena gente.
Finalmente ya duchado un par de cervezas sin alcohol y una pizza enterita en una terraza con la familia frente al acueducto y de vuelta a Madrid a ver el Eibar-Atleti como si de un día normal se hubiera tratado ;-D.

martes, 21 de julio de 2015

Half Triatlón Vitoria-Gasteiz

Segundo y último triatlón de la temporada. Una temporada que iba a ser casi en blanco y al final me hago dos medios en un mes, con el entreno justo y encima me compro una bici nueva. Si es que mejor no hacer planes…. Y a lo que venga.

Pues el caso, es que en Zarautz volví a disfrutar el triatlón, sin presión, sin exigencias, sin echarle interminables horas de entreno. Simplemente regulando, tratando de exprimir lo que hay que no sería mucho y sobre todo disfrutando del triatlón, del ambiente, los paisajes, los rivales…
Así que me animé a Vitoria a última hora y cambié el dorsal a unos compis del club que se quitaron de en medio tras Lanzarote. Para esta ocasión reservé hotel 4 noches, así podría estar con Marta y la pequeña Iria unos días de vacaciones.
La previa fue jodida, porque me llegó la bici nueva el miércoles por la tarde y me quedé hasta las mil a montarla y además desmontar la Time que voy a pintar. Apenas dormí 4 horas para levantarme pronto y hacer una hora escasa y ver que todo estaba en su sitio. Y con eso para Vitoria.

Viaje viernes, recogido dorsal, hay algunos pros por allí tomando algo y quedamos con Pablo y Lucía para tomar una cañas y con David y Manuela para ir a la cena de la pasta (un poco cutre, pero es lo que hay).
El sábado 10’ de carrera camino de la ferretería para comprar bridas y agarras un portabidón a los acoples y habíamos quedado con Pablo/Lucía para comer. Acabamos en el Sagartoki. Espectacular sitio, lo pasamos de lujo, música soul y r&b con DJ en directo, decoración espectacular y buena comida. Y por supuesto bebida. Se nos fue un poco de las manos, pero ya somos mayores (cocktail de sake para entrar, prácticamente botella de blanco Enate por barba ya que las mujeres apenas bebían y para cerrar gin tonic).

El caso, es que ya salimos de allí tocadetes y teníamos que movernos a prisa para llevar la bici a la T1 (pretendíamos nadar allí 15’) y la bolsa de la T2 al centro.
Pues ya fatal de tiempo, entre llegar al hotel, echarse un poco y arrancar de nuevo. Somos de los últimos en llegar a Landa. Lo único bueno es que pudimos aparcar cerca, ya todo el mundo se iba. Curioso el cambio de temperatura allí, mucho más nublado y fresco. Dejamos las bicis y como ya es tarde y hace frío y vamos “tocados” no nos metemos a nadar.

Además habíamos quedado a cenar con los del Tri Trail 3 Team y ya íbamos tardísimo. Pues eso, llegamos una hora tarde, un poco tocata y un poco pegados para cenar. El día ha sido ajetreado, todo lo contrario a lo que debiera ser el día pre-competición.
Al final pasadas las 00.00 me voy a la cama y la alarma a las 04.30 para coger el primer autobús de las 05.20 (no me gusta ir con apreturas). He remoloneado un poco y no me da tiempo apenas a desayunar, bajo con dos tostadas sin tostar por el ascensor. He metido una barrita y un arroz con leche en la bolsa.
Echo una cabezada en el bus hasta la llegada al pantano. Cuando bajamos, oscuridad total, está lloviendo y hace frío. En ese momento el bajón es total, qué necesidad hay de estar ahí en ese momento, un poco resacoso, pasando frío, sin apenas haber dormido ni desayunado… estamos locos.
Cuando llego a las bici está totalmente empapada. Ha llovido por la noche y el papel burbuja que dejé se ha movido. Pero vamos, que da igual. Más tarde llega Pablo, colocamos todo y tenemos tiempo de sobra. Estamos ahí en ese momento, tiempo desapacible sin ni siquiera poder sentarnos, todos está mojado y nos envuelve el tantas veces repetido “qué coño hacemos aquí”.

Cuando queda media hora, Pablo dice, arriba, hay que espabilar y activarse, así no vamos a ningún lado y a eso. Dejamos la bolsa en el camión, nos enfundamos el neopreno y a nadar un poco. La sensación no es buena, el agua turbia, algo de mareillo, pero el agua está bastante templada.
La colocación para entrar a cámara de llamadas es algo angosta y estamos mucho tiempo de pie esperando… las salidas se están retrasando mucho. Primero las mujeres y luego nosotros. Nos colocamos en una segunda línea por centro derecha, no nos hemos podido poner más adelantados.

POOOOOOOOOOOOO…..





La salida de las más sucias que recuerdo, no hay ritmo, la gente no avanza, veo triatletas nadando incoherentemente, hiperventilando, mucho golpe, cosas muy extrañas siendo una recta en la gente puede tirar y abrirse…. Tardo 200m  por lo menos en poder empezar a nadar medio normal, la visión de las boyas es espectacular, en este sentido el mejor triatlón en el que he estado, boyas grandes tanto las de giro como las de señalización de la línea. Voy cogiendo ritmo, sólo a veces estorbado por triatletas que hacen eses. No lo entiendo, la boya amarilla se ve perfectamente desde a tomar por culo, pues cojones, ve recto hacia ella. Pues nada, a veces me toca hacer alguna ese para esquivar a gente que no se a qué juega. Giro abierto y el siguiente ya lo cierro algo más.



De vuelta un par de problemas, el arco de salida de ha deshinchado, ya no existe por lo que no hay referencia y además tenemos sol de frente derecha. Voy siguiendo un poco a grupos, pero nuevamente algo de jaleo, también sigo las boyas de referencia, pero no se hacia donde tirar al fondo, así que sigo a gente.

Piso tierra, miro el reloj y 33:50. Lo normal en un medio, quizás algo lento, he llegado a hacer 32’, pero con la salida ajetreada y lo que he entrenado está bien.

Transición, se me suelta la cinta del portadorsal, le hago un nudo, corro con la bici, salto y ya estamos…. Al principio voy ligero, pasando a mucha gente, el circuito es de toboganes, adelantamos a muchas mujeres que han salido antes, algo de follón a veces, somos demasiados.
La media algo más allá de los 36 por hora, zonas de asfalto regular, botoso y pestosete. De vuelta a Vitoria ya empiezan a formarse algunos grupos nada legales, a mi eso me fastidia. Siempre es igual, ves que alguien te adelante, pero detrás viene otro y otro… miras para atrás y son 8-10. Obviamente grupo.

En ocasiones me pongo en el trenecito guardando distancia, pero en una ocasión veo un juez tirando de tarjetas y me desconcentro “todavía pillo yo me digo”. Y dejo pasar grupos que puedo seguir, pero no quiero verme envuelto en lios. Al poco me pasa Pablo, que alegría, va fuerte, me dice que no pierda a uno que va de negro que va muy fuerte, intento ir a por él, me he despistado en el avituallamiento, pero va fortísimo. Puedo llegar hasta él, pero no es el ritmo y me dejo ir.
Pasado Vitoria el tema cambia, viento en contra y me he quedado muy sólo y empiezo a pensar en todos esos grupos que estarán tirando para delante de manera no muy legal y yo ahí luchando sólo contra el viento. Aquí lo paso mal, ando falto de fuerzas. Empiezo a estar algo molesto de hombros y demás, bici nueva, habrá que mover algo, poco entreno acoplado, de donde no hay…. Pero la Metta transmite buenas sensaciones en general.

Hasta que llego de nuevo a la salida de Landa y el viento entra lateral y vuelvo a coger sensaciones, sigue habiendo grupetes y ahí vamos intentando respetar, aunque seguramente en ocasiones no lo hagas porque es imposible. 1.000 tíos a la vez en un half, no salen las cuentas. Por lo menos 700 saldremos del agua en 6’ de diferencia. Eso son más de 100 triatletas por minuto, casi dos por segundo… es imposible que no haya grupos queriendo o sin querer.
El caso, vamos tirando, un poco desencantado por la situación, mi ritmo ha bajado ostensiblemente en la segunda vuelta y dándole vueltas al tema del drafting. Una vez más se demuestra que en pruebas masificadas siempre hay drafting. Tiene que haber voluntad por parte del triatleta, pero si el organizador mete a tanta gente es imposible.
Ya llegamos a Vitoria, trato de no tostarme en exceso para intentar correr a mi ritmo. Llego a las T2 a 35,3 km/h de media. Te pilla la bici un voluntario y bajas a la T2 por un pasillo humano brutal de animación, increíble Vitoria.
T2 lentísima para lo que soy yo, me siento, lo cual no hago nunca, he perdido el dorsal, me acabo quitando el porta…. En fin….
Salgo a correr lentillo, como suelo hacer, para coger ritmo y acelerar, me adelantan un par de ellos, pero cuando pongo el ritmillo 4:20 vuelvo a cogerlos. A partir de aquí fácil, ese es el ritmo cómodo, voy pasando a mucha gente, conversando, veo a Pablo que va un poco más adelante, Dani del X3M, Garry del Aguaverde….



La carrera es amena, sombreada, cómoda, primera vuelta en ritmo, pero veo que no voy a bajar de 4h50’’, así que no me voy a apretar en exceso, Pablo está ahí pero no acabo de cogerle, al final yo creo que me espera y vamos juntos, charlamos, comentamos la bici, él va mejor que yo, que empiezo a ir justo, pero vamos tirando a ritmo cómodo 4’30’’ calculo. Cuando quedan apenas 2 kms. tirón en el vasto interno, no puedo seguir, me paro a estirar, pero tampoco, pruebo a andar y tampoco, joderrrrrrrrr… al final masajeo un poco la zona y pruebo a tirar muy despacio haciendo una zancada irregular y más o menos voy, poco a poco voy acelerando y cuando veo que parece que no hay peligro aprieto un poquillo.
Fantástico el paso por la catedral y el centro, la gente anima a tope, esprinto últimos metros, gano algunas posiciones y meta. 4h56’’. Posición 124º masculino de 788º llegados a meta y 38º sobre 212 en mi GE.


Allí está Pablo, un abrazo, algo de avituallamiento y rápido para fuera donde están nuestras esforzadas mujeres.
Llegamos ambos muy frescos, ya son muchos años y la experiencia es un grado.
Conclusiones: Pues que los circuitos más o menos llanos no me gustan, son circuitos de fuerza y no me van en exceso. Soy un tipo más bien fino, que se mueve mejor por terrenos con subidas más largas y repechos, además de que el drafting en esos terrenos disminuye. Cuestión aparte es que 1.000 tios en un half son demasiados por eso no volveré a Vitoria, aunque el triatlón está bien organizado por lo demás y el ambiente es cojonudo.
También veo que entrenado lo justo, sin presiones y demás estoy en tiempos consistentes, lo que me hace pensar que si un año de estos entreno en serio, podría estar bastante delante ganando varios minutos en cada sector.
Pero lo importante a estas alturas de la vida está logrado y es disfrutar con el deporte sin agobios ni presiones de marcas, pasarlo bien con familia y amigos, echarse unas risas, comer, beber y ser feliz.
Ya veremos qué nos depara el triatlón la temporada que viene. Ahora mismo no está nada claro.